divendres, 6 de març de 2009

UN FRAGMENT DE ROLIN


Lo que creo es que hemos sido la última generación que ha tenido sueños de heroísmo. Ahora eso parece ridículo, os parece que es cosa de mentecatos, y a decir verdad ni siguiera entendéis qué quiere decir eso, ya se. Pero el mundo no siempre ha sido tan enemigo de lo romántico. El mundo no siempre ha sido tan cínico, tan taimado. Tan de vuelta de todo, burlón, "a mi no me la pegan"... Antes, los jóvenes tenían gustosos ese tipo de imaginacion. La vida tenía que ser épica, si no ¿para qué? Había que estar al borde del abismo, afrontar el misterio. Es un viejo deseo humano, hay un montón de mitos y poemas que cuentan eso. Medirse con los dioses, con los monstruos, descubrir tierras insospechadas, explorar esa región desconocida que es uno mismo ante la muerte. La Ilíada y la Odisea, joder. Hace dos mil años no pocos jóvenes soñaron con ser Aquiles, o Héctor, o Ulises. Y al contrario de lo que se cree ahora ese deseo podía muy bien conjugarse con el de escribir, pensar. Hasta sucedía que uno difícilmente fuera sin el otro. Había una raíz común de rechazo a la monotonía. Ha habido poetas, novelistas, filósofos, soldados, agentes secretos, y no eran la gente más calamitosa, sabes. Sin remontarnos hasta Cervantes y Camoes, Faulkner, que no era así y todo, entre los escritores del siglo, el más ceporro, el menos profundo, Faulkner se quedó tremendamente decepcionado de que el armisticio de noviembre de 1918 le impidiera ir a hacer de moderno caballero a los cielos de Europa. Así son las cosas. Y Hemingway, más rápido, se largó sin dudarlo a los campos de batalla. Cendrars ya no está muy de moda, lo cual no es óbice para que inventara la poesía francesa moderna con Apollinaire, y era legionario, se alistó voluntario. Y Apollinaire, también se podria hablar de él... Sé que vosotros sois ahora todos pacifistas. Yo también, si quieres que te diga que es más agradable vivir en paz. Y también lo dicen los que han conocido la guerra y logrado sobrevivir. Per mira, no se escribe con lo que es agradable, no se piensa con eso. Se escribe y se piensa con lo que hiere, con lo que mata. Y hasta es con eso con lo que se vive de verdad.


OLIVIER ROLIN, Tigre de Papel, Barcelona, Mondadori, 2005, pp 155